DineroEconomía

¿Ser el país anfitrión de un Mundial de Fútbol, es una ruina económica?


La fiesta del fútbol más importante del mundo se da cada 4 años en distintas partes del continente. En 2010 el anfitrión fue Sudáfrica, en 2014 Brasil y en 2018, Rusia.

Si bien se pensaría que esta celebración trae muchas ganancias a nivel comercial y turístico del país anfitrión, la inversión que hace en infraestructura les cuesta miles de millones.

Por tanto, se espera que la atracción turística y de capital extranjero supere esos gastos multimillonarios durante la celebración de la Copa del Mundo y en los meses y años posteriores.

Sin embargo, aunque tras los tres últimos mundiales de Sudáfrica, Brasil y Rusia los tres países confirmaron un incremento exponencial de sus ingresos, sobre todo en el sector turístico, el balance económico de los tres organizadores no ha sido el esperado.

Sudáfrica, que invirtió 4.000 millones en la construcción de estadios para su Mundial en 2010, no logró revertir su gasto hasta el 2016.

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En Brasil, los beneficios han conseguido superar la inversión, de 3.020 millones de euros sólo en estadios, después de cinco años. Sin embargo, tras ese tiempo, el honor de organizar un Mundial apenas hace eco en la economía del país sudamericano.

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A pesar de estas cifras, los balances económicos postmundialista de los tres últimos organizadores no son tan malos como la imagen de queda uno de los estadios en los que se invirtieron. Campos en ruinas, apartados de lugares con tradición futbolística y gradas vacías son la fotografía más habitual entre las 34 sedes que suman los estadios de Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018, cuyos estadios alcanzaron un coste de 11.165 millones de euros.

Los datos de asistencia media en los estadios de los tres últimos Mundiales son pobrísimos: en la última temporada sólo se llenó el 23,2% del aforo total de las 34 sedes.

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Estadios como Maracaná, en Río de Janeiro, o el Luzhniki de Moscú, tienen buenas cifras de asistencia pero son estadios que sólo se llenan cuando hay partidos internacionales, es decir, en ninguno de los dos, más de cinco al año.

En cuanto a Sudáfrica, la preferencia histórica por el rugby, atletismo o cricket ha hecho que los estadios del 2010 no hayan quedado como simples recuerdos, ya que se usan como campos de práctica y juego para dichos deportes.


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