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Holanda niega el aterrizaje al avión del ministro de Exteriores turco


El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha calificado este sábado a las autoridades holandesas de «nazis y fascistas” y ha amenazado con impedir “que sus aviones aterricen de nuevo» en Turquía. Lo ha dicho después de que las autoridades holandesas impidieran el aterrizaje del vuelo que debía dejar esta tarde en Róterdam al ministro de Exteriores turco, Mevlut Çavusoglu. Portavoces del Gobierno en La Haya han justificado la medida “por los riesgos para el orden público» que entrañaba permitir la presencia de Çavusoglu en suelo holandés. El Gobierno del país europeo ha llamado a consultas al embajador turco por sus polémicas declaraciones que ha tachado de «locuras». Y Ankara, por su parte, ha citado al representante de negocios holandés en el país.

El Ejecutivo holandés no quiere pues que el ministro del país euroasiático haga campaña electoral en pro del referéndum constitucional turco del próximo 16 de abril, que pretende aumentar los poderes del presidente para que ejerza por decreto. En una alocución televisiva de urgencia, Erdogan ha amenazado también con “expulsar a los diplomáticos holandeses de Turquía”.

Poco después de que la negativa holandesa truncara el viaje de Çavusoglu, un tuit del Servicio Diplomático Turco ha advertido de lo siguiente: “Los ataques racistas, antisemitas e islamófobos holandeses amenazan la democracia europea”. El texto iba acompañado de unas cifras —sin contrastar y sin fuentes— que calculan en “2.000 los ataques racistas registrados al año en Holanda”. “En los últimos cuatro años, más de 540 [ataques] han tenido a los judíos como víctimas. Y en los dos últimos años, más de 250 han sido de tinte islamófobo, con más de 200 mezquitas asaltadas en la pasada década”. Por otra parte, añade el tuit diplomático, “el partido racista y de extrema derecha [de Geert Wilders] es el más popular del país. Su principal doctrina es contraria al Islam y se espera que obtenga más del 25% de los votos en los comicios del próximo 15 de marzo”. El tuit era de las 13:49 de la tarde. A las 14:48 horas, un grupo de manifestantes se congregaban ante el consulado holandés en Estambul. En una de las pancartas podía leerse: “No te confundas, Holanda. No agotes nuestra paciencia”.

El roce diplomático que enfrenta a ambos países sube de tono por momentos. El Gobierno holandés cuenta, en cambio, con el apoyo de la mayoría del arco parlamentario, contrario a que otro país intente ejercer presiones políticas fuera de sus fronteras. “No hemos podido hacer otra cosa. Había problemas de orden público y seguridad y mientras buscábamos una solución, Turquía nos amenazó con sanciones políticas y económicas. Holanda no puede aceptar dicha presión. Así que al final hemos denegado los derechos de aterrizaje”, ha declarado Bert Koenders, titular de holandés Exteriores, a la televisión nacional NOS. “Las amenazas de Erdogan son terribles y vemos la deriva autoritaria de su país”, ha añadido.

En plena campaña electoral para los comicios del próximo miércoles, Mark Rutte, el primer ministro liberal, ha dicho que Holanda “no se dejará chantajear”. Antes del choque de este sábado, el ministro Çavusoglu afirmó que “Holanda ha secuestrado a los ciudadanos de origen turco”. Y ese es el problema: la ciudadanía. Para ambos países son sus compatriotas, y la comunidad de esta ascendencia tiene doble pasaporte, como sucede en Alemania. Pero tanto el primer ministro liberal holandés, Marc Rutte, como la canciller germana, Angela Merkel, consideran inadecuado “exportar una campaña electoral”. El presidente Erdogan lamentó esta misma semana “las prácticas nazis de Berlín”. Austria y Suiza también han impedido visitas similares.

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Una tensión con precedentes

A principios de esta semana, Ahmed Aboutaleb, de origen marroquí, alcalde socialdemócrata de Róterdam dijo que él habría rechazado el viaje del ministro Çavusoglu “de no haberlo hecho antes el dueño del centro donde pensaba dar su discurso para la comunidad de origen turco”. “Tiene inmunidad diplomática y será respetado, pero hay otros métodos para repeler su presencia”, dijo, alegando para ello razones de paz ciudadana.

Desde el intento de golpe de Estado del pasado julio en Turquía, las relaciones entre Ankara y varios países de la Unión Europea con población de origen turco han sido muy tensas. En Holanda, al menos una veintena de personas ha denunciado que el consulado turco les había quitado el pasaporte. En consecuencia, debían viajar a Ankara con un permiso temporal “para demostrar que no estaban implicados en la intentona golpista ni tampoco apoyaban al clérigo Fetulá Güllen, acusado de haberla incitado”. El ministerio de Exteriores holandés ha confirmado los hechos, y teme que haya más casos.


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