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El bisturí de la prensa, una prosa triste de la cirugía plástica

Por: Jorge E. Raad Berrio

¿Qué le ofrecemos a las personas cuando comunicamos?

Una pregunta con la que, sin pretensiones, deseo generar un interrogante colectivo, más allá de los clichés mediáticos.

Los medios de comunicación deben suministrar un contenido con responsabilidad, en sus manos tienen uno de los poderes más importantes en la sociedad y es la formación de la opinión pública.

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Por ende, es indudable el poder que ejercen; es una influencia indirecta, sutil, que pretende transformar la percepción de las personas sin atacar directamente su voluntad o su libertad. 

Si bien es cierto que la responsabilidad en los medios se evalúa en los contenidos que difunden, es importante comprender que esto es sólo el resultado de una serie de políticas y acciones que las empresas y sus directivos deciden llevar a cabo.

¿Pero qué pasa cuando la información no cuenta con todos los elementos de juicio para que sea veraz?

Esta pregunta pretende fortalecer el criterio sobre lo que consumimos a diario, teniendo como referente el acontecer mediático de los ultimo días. En los que uno de los medios más reconocidos de la Región Caribe, expuso al escarnio público al profesional de la salud Marcos Petro Toro, sin contar con los elementos de juicio suficientes para determinar las causas reales sobre los casos de Rosa García y Kimberly Kishma Ward. O el caso de Martín Carrillo, el cirujano de Jessica Cediel que quedo en la ruina y resultó ser inocente.

Es importante resaltar que la medicina es una vocación de servicio, así que el hecho del fallecimiento de un paciente no necesariamente genera un nexo causal entre el procedimiento médico realizado y su deceso.

El riesgo objetivo siempre debe ser advertido, pues el organismo obedece en sus respuestas al azar y muchas veces no se puede prever, ni prevenir una complicación, incluida la muerte. Más alla del azar también está todo un sistema epidemiológico y de diferentes respuestas potenciales de un paciente que podrían amenazar su salud, eso sin contar todo los antecedentes biológicos y fisiológicos que muchas veces se mantienen silenciosos y se hace casi imposible de prever.

En este sentido, si se determina que los médicos siempre deberán responder por cualquier complicación que no obedezca a las causales de culpa (impericia, negligencia, imprudencia, etc.), será mejor dejar de ejercer la medicina.

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Por regla general, el médico no puede comprometerse sino hasta donde las variables incontrolables que resulten le permitan. Obligación de hacer, sí, pero de hacer solamente lo que esté a su alcance. Obligación de asistir médicamente a alguien, poniendo de su parte todos los conocimientos y todo el cuidado con miras a lograr un resultado que, de no alcanzarse, dependerá, entonces, de otras circunstancias ajenas a la voluntad del profesional de la medicina.

No podemos permitir que la medicina sea considerada una actividad peligrosa u obligación de resultado, porque de ser así lo más recomendable para los profesionales de la salud será no tomar bajo el cuidado quirúrgico pacientes de muy alto riesgo. Y si se va a imputar responsabilidad cada vez que haya una complicación o la muerte de un paciente, será preferible dejar de ejercer la cirugía.

Pretender indilgar una responsabilidad a un profesional de la salud sin los elementos de juicios necesarios, es de suma irresponsabilidad porque lleva a juzgar a los médicos sin tener la información suficiente para ello.

Finalmente, no podemos confundir el criterio periodístico con el deseo ansioso de llenar tabloides, lo que finaliza en indolencia. La trayectoria y el reconocimiento deben ser consecuentes de principio a fin y velar por un impacto impecable y respaldado por la investigación, de no ser así se lleva a las audiencias al error y en otras ocasiones es un efecto dominante que actúa por ocultamiento.

JORGE RAAD BERRIO, ABOGADO Y ESTRATEGA.
@JORGERAADB

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