Al Toque: Las Secuelas del Jaque.


Por: Guillermo Jabba

Eran un poco más de las 2:00pm del domingo. El sol castigaba con inclemencia a aquellos despreocupados, que como yo, dejamos la votación para después del partido Alemania – México; Quizás porque dábamos por hecho que Brasil le pasaría por encima a Suiza.

Entré al cubículo, y me enfrenté por segunda vez a ese par de inapropiados candidatos presidenciales, con una sensación similar a cuando Colombia queda eliminada del mundial, y toca decidirse por seguir al equipo con el cual mejor te identificas; con el sinsabor de no sentir la ebullición de tu sangre cada vez que el balón se acerca al arco rival. Por primera vez pude identificar alguna similitud entre el Fútbol y la política.

Doblé el tarjetón dos veces, y lo deposité en la urna. No había salido aún del Colegio Antonio José de Sucre, cuando empezaba a reconfigurarme en modo mundial: Aún podía saborear ese suculento derechazo de Coutinho al segundo palo. Quizás a esas alturas, Brasil estaría ganando por 3-0, y todos estarían hablando del baile de Neymar y de sus interminables diagonales desde la izquierda, hacia el arco Suizo.

Me acerqué a la tienda de la esquina de enfrente. El tumulto apenas permitía acercarse al mostrador. Una vez conseguí divisar el televisor, tuve que restregarme los ojos: El marcador estaba 1 – 1.

Volví a enfocar la pantalla, pero en vano: el gol a favor de Suiza seguía ahí. Que había pasado? -Pensé en voz alta.

– En éste mundial ya nadie gana de camiseta – refunfuñó un sujeto con quién recién había forcejeado para conseguir una ubicación privilegiada. Lo contemplé por primera vez: su gorra azul pastel ocultaba un rostro de avanzada edad. Vestía una camiseta sin mangas, una pantaloneta desgastada y sandalias. parecía ser el mensajero de la tienda.

El viejo no mentía. En la mañana, Alemania había caído ante los mexicanos. El día anterior Argentina, con toda su historia futbistica, con todo el peso de las hazañas de Maradona y Kempes, y con los 5 balones de oro de Messi, no había conseguido superar a 11 nativos islandeses. La élite futbolística estaba en jaque.

Es ahora el turno de Colombia, y no sé cómo sentirme al respecto. Será acaso el momento de tomar la delantera? Es esta una oportunidad dorada o una aterradora amenaza? Pertenece nuestro fútbol al bando de las irreverentes potencias emergentes, o estaremos condenados a padecer las consecuencias de la soberbia de los grandes campeones, sin siquiera haber ostentado un título mundial?

Dentro de poco conoceremos la respuesta.