Tesla, un camino de espinas como de esperanza


Tesla aún desprende un indudable halo de incertidumbre. Podría ser la promesa de un futuro mejor -en apariencia-, el catalizador de un mundo a punta de coches eléctricos que acabe con la hegemonía de los modelos de gasolina u otro estruendoso fracaso de esa intentona ecológica que lleva décadas tratando de hacerse valer. Será, sin duda, una de las compañías a seguir en 2018 y uno de los valores bursátiles con más movimiento.

Según Adam Jonas, analista de Morgan Stanley, su futuro dependerá de tres factores: “¿Qué pasa con la demanda de su producto?, ¿a qué ritmo se consumen sus reservas de capital? y ¿cómo están de abiertas las fuentes de capital a financiar su muy ambicioso plan de crecimiento?”.

A favor, de acuerdo a la visión de Jonas, cuenta con la fuerte demanda de sus coches lujosos y minimalistas. La empresa entregó su vehículo número 250.000 en el tercer cuarto del año pasado y tenía una previsión de entregas de otros 100.000 más para 2017, entre el Model S y el Model X, lo que supondría un salto del 30% con respecto a 2016.

En contra, un mundo de problemas con la producción, las entregas y la dificultad para presentar números que respalden el entusiasmo de sus inversores en Bolsa. En eso, no hay duda, sigue siendo un fenómeno extraño. Pocos casos hay en Wall Street de un valor que haya logrado crecer a un ritmo tan espectacular apoyado en promesas de futuro, en la ilusión de un mundo más limpio, pero habiendo presentado pérdidas con la constancia de un ejército pretoriano.

Tan solo en 2016 acabó con la aureola negativa con un beneficio de 21 millones de dólares en su tercer trimestre, aunque engullidos después por los 888 millones que se reportaron de pérdidas al final del año.

Tampoco 2017 resultó ser mucho más halagüeño en ese sentido, pese a estar cargado de noticias positivas. Las reservas para su low cost, el Model 3, se dispararon en sólo unas semanas hasta el medio millón, y su valorización en bolsa (57.600 millones de dólares, unos 47.800 millones de euros) superó -durante unas semanas- a la de Ford y General Motors, los dos grandes monstruos del sector automotriz estadounidense.